Día internacional de la conservación del suelo
- Daniel Rico

- hace 4 días
- 3 min de lectura
El 7 de julio se celebró el “Día internacional de la conservación del suelo” implementado en 1963 en honor al científico estadounidense Hugh Hammond Bennett, quien destacó que “la tierra productiva es nuestra base, porque cada cosa que nosotros hacemos comienza y se mantiene con la sostenida productividad de nuestras tierras agrícolas”.
Hace unos días que empezó la temporada fuerte de calor y en la Región de Murcia no perdona.
Cuando los termómetros rozan los 40 grados, nuestra primera reacción es mirar al cielo y, acto seguido, encender los motores de riego para salvar el cultivo. Nos obsesionamos con hidratar la hoja y el fruto, pero a menudo olvidamos de una parte esencial de nuestra explotación: el suelo.
Hoy hablamos sobre este elemento tan importante en nuestra explotación recordando lo que dijo Hammond Bennet.
En la agricultura convencional, un suelo desnudo en pleno verano se consideraba sinónimo de una parcela "limpia" y bien cuidada. Hoy sabemos que puede ser más perjudicial para la fertilidad de tu finca.
¿Qué pasa cuando el sol impacta directamente en la tierra?
Un suelo sin cobertura vegetal ni restos orgánicos que actúen como escudo puede alcanzar fácilmente los 55 o 60 grados en superficie durante las horas centrales del día. A esa temperatura, el agua se evapora en minutos, pero ocurre algo más, los microorganismos del suelo mueren por choque térmico.
Las bacterias, hongos micorrícicos y fauna auxiliar que habitan en los primeros centímetros del terreno son los encargados de descomponer la materia orgánica y, lo más importante, de desbloquear los nutrientes para que la raíz pueda absorberlos. Si todos estos organismos desaparecen, da igual los kilos de abono mineral que apliques; la planta no podrá asimilarlos de forma eficiente y tu dinero se perderá por lixiviación o bloqueo químico.
El éxito de una finca moderna radica en entender la agricultura como un proceso global, no como una suma de parches químicos.
En ECOingeniería Agraria, tratamos de integrar la parte técnica, dimensionando los riegos y calculando las dotaciones hidráulicas, con la parte biológica, poniendo el foco en proteger la vida microscópica bajo nuestros pies.
La solución al problema del calor, pasa por una agricultura de procesos y aplicar estrategias agronómicas que nos ayuden a proteger los suelos:
Mulching y gestión de restos de poda: Triturar e incorporar los restos de poda sobre las líneas de cultivo crea una capa física contra la radiación. Este "acolchado" natural rompe la radiación solar directa, reduce drásticamente la evaporación y mantiene la humedad del bulbo de riego durante mucho más tiempo.
Manejo inteligente de las cubiertas vegetales: En verano, una cubierta viva mal gestionada puede competir por el agua, pero una cubierta segada estratégicamente aporta materia orgánica al descomponerse y protege la estructura del suelo de la erosión y la insolación.
Riegos estratégicos para el suelo: El riego no solo hidrata la raíz. Aplicar riegos cortos y precisos ayuda a mantener la temperatura del bulbo en niveles donde la microbiología puede seguir trabajando y multiplicándose, evitando que el suelo se convierta en polvo inerte.
El suelo es una parte muy valiosa de cualquier explotación. Recuperar un terreno biológicamente muerto cuesta años de trabajo y mucha inversión en enmiendas orgánicas e inoculaciones. Sin embargo, protegerlo ahora, en pleno verano, solo requiere aplicar el manejo agronómico adecuado.
Si quieres que te ayudemos a diseñar una estrategia integral para tu finca que mejore la estructura de tus suelos, optimice el riego y potencie la microbiología natural, contáctanos y busquemos la mejor solución para tu explotación.
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